LA FAMOSA Y TEMIDA “FRUSTRACIÓN INFANTIL”
¿Quién dijo que en la vida puedes conseguir todo lo que quieras y te propongas?
Esta falsa creencia, que se ha ido extendiendo en las sociedades occidentales en las últimas décadas, ha desarrollado en los adultos y, por tanto, también en los niños y adolescentes, expectativas irreales de éxito y logro, generando una falsa sensación de omnipotencia y evitando entrenarnos en una competencia emocional básica para la propia madurez y un desarrollo mental saludable: LA TOLERANCIA A LA FRUSTRACIÓN.
La frustración es un estado emocional que surge ante la siguiente situación: no podemos cumplir un deseo, proyecto, ilusión o necesidad que queríamos; ese estado incluye emociones como ansiedad, rabia, depresión, angustia, ira y se acompaña de sentimientos y pensamientos autodestructivos para uno mísmo; La frustración, no como situación sino como vivencia personal, es desagradable y cada uno puede reaccionar de manera diferente; la frustración es transitoria y no es en sí misma patológica, aunque puede contribuir a que aparezcan alteraciones emocionales de mayor gravedad y persistencia en el tiempo, si no aprendemos a tolerarla y regularla (después veremos cómo).
En la etapa infantil, los niños piensan que el mundo gira a su alrededor, creen que lo merecen todo y lo quieren conseguir al momento. No saben esperar porque no tienen desarrollado el concepto del tiempo, ni tienen la capacidad de ponerse en el lugar de los demás (pensar en los deseos y necesidades de los otros).
Es entonces cuando hay que empezar a enseñarles a tolerar la frustración. Tolerar la frustración significa tener una actitud de aceptación y afrontamiento ante las limitaciones y problemas que nos encontramos a lo largo de la vida, a pesar de las molestias o incomodidades que puedan causarnos; pero no hay que confundir la tolerancia a la frustración con la tolerancia al fracaso.
¿QUÉ NOS PUEDE CAUSAR FRUSTRACIÓN?
El deseo de complacer de los padres y de ver a sus hijos felices, les hace olvidar que, si siempre les dan todo aquello que piden, de manera inmediata y sin ponerlo en relación con la propia conducta del niño, solo porque “me apetece o lo quiero”, los pequeños no aprenderán a tolerar el malestar que provoca la frustración y hacer frente a situaciones adversas. Si los padres intentan reducir o evitar las fuentes que causan frustración en el niño, ceden a cualquiera de sus requerimientos y convierten cualquiera de sus fracasos en un nuevo éxito, el niño no aprenderá a tolerar la frustración.
Complacer siempre a los niños (permisividad) y evitar que se sientan frustrados ante cualquier situación (sobreprotección) no favorece su desarrollo integral como persona ya que, cuando sean adultos, deberán enfrentarse a circunstancias tanto de éxito como de fracaso, así como de aceptación y rechazo por parte de los demás; si no han aprendido de niños a tolerar el malestar y la frustración que esas situaciones generan, las emociones negativas que la acompañan tenderán a mantenerse durante más tiempo y serán más patologicas. De esta manera, se favorece, a partir de la pubertad, el desarrollo de una actitud agresiva, sentimientos de baja autoestima y conductas de ataque hacia los demás, huida o evasión, que pueden implicar dificultades de aprendizaje, consumo perjudicial de tóxicos o el retraimiento social.
CARACTERÍSTICAS DE NIÑOS CON BAJA TOLERANCIA A LA FRUSTRACIÓN
QUÉ PODEMOS HACER LOS PADRES:
Enseñar a nuestros hijos a manejar la frustración, les hará más capaces de afrontar las situaciones difíciles o negativas que se le presenten en la vida. Para ello:
TÉCNICAS PARA ENSEÑAR A LOS NIÑOS A MANEJAR SUS EMOCIONES:
Alma Martínez de Salazar Arboleas
Especialista en Psicología Clínica
Unidad de Salud Mental Infanto-Juvenil, Almería
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